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viernes, 24 de mayo de 2013

Los falsos agentes del CNI exigieron 200.000 euros a un empresario para no detenerlo

La presunta extorsión fue posterior a un ficticio intento de comprarle unos dinares iraquíes

El caso ‘Tres Reyes’, que ha destapado una presunta trama de extorsión a empresarios basada en la acción de falsos agentes del CNI, tuvo su origen en las coacciones que denunció a finales del pasado mes de enero un empresario copropietario de 128 millones de dinares iraquíes en papel moneda.
Según desvela el sumario, al empresario, el constructor Manuel Rodríguez, apoderado de Segaly (la sociedad que compró los dinares en los años 1995 y 1996), le llegaron a exigir 200.000 euros para no encarcelarlo por tener esa mercancía. Le presionaron, basándose en su falsa identidad como miembros de los servicios de inteligencia, con que  la posesión de dinares iraquíes está prohibida y que “todos los que tienen están en la cárcel”. Y le dieron un plazo de dos horas para reunir el dinero.
Pero el asunto no comenzó como un presunto intento de extorsión, sino de posible estafa. Los hechos, de acuerdo con el relato de la denuncia que obra en la investigación, se sucedieron de la siguiente manera:
A finales de diciembre del año pasado, el todavía entonces abogado del Estado jefe, Demetrio Carmona, contactó con este empresario y concertaron una cita. En ella -siempre según la denuncia- Carmona le comenta que unos conocidos suyos quieren quedar con él para hacerle una propuesta en torno a la mercancía que este posee, dinares de la época de Sadam Hussein.
En una cita posterior, el abogado del Estado le presenta a dos hombres, identificados como Nacho Flores y Luis Miguel Graña, que dicen ser de Madrid (“gente muy importante”, le dicen) y que le ofrecen una operación comercial para buscar un comprador de los dinares, en España o en el extranjero.
 Unos días más tarde, en una reunión en el despacho de Rogelio Vargas, Demetrio Carmona -prosigue el relato de hechos- le presenta a una tercera persona como “un jefe de la policía secreta”, quien dice tener un comprador para la mercancía.
Fruto de esa reunión comienzan las supuestas negociaciones y llegan a hacer un viaje a Madrid, viaje en el que le acompañan Demetrio Carmona y Ángel Morales. En Madrid se vuelven a encontrar con Flores y Graña, y le instan a firmar un documento notarial a nombre del segundo para que este pueda negociar con los dinares. En esa reunión ya se fijó el precio de la presunta intermediación: un 10% de la cantidad final de venta.
Unas fechas después, el 27 de diciembre, ya en Almería, se celebra una nueva reunión en un conocido hotel. A ella acuden el empresario con su hijo y, por la otra parte, Demetrio Carmona, y los mencionados Flores y Graña. De acuerdo con la narración de la denuncia, en ese encuentro comenzó a ‘torcerse’ el presunto negocio, porque los falsos agentes intentaron cambiar las condiciones de negociación y le propusieron al empresario abrir una cuenta en un banco suizo para hacer el pago y que viajara hasta ese país solo con ellos para hacer la transacción.
Al empresario esto le generó desconfianza porque, según su propio relato, “no tenía nada que esconder, puesto que había tributado en España por la mercancía”.
Tras imponer Manuel Rodríguez sus propias condiciones, como que la transacción se hiciera en Almería, en su banco de siempre, todo se precipita. El 24 de enero, Demetrio Carmona le vuelve a citar y le dice que “algo raro ocurre con la operación, que sus amigos le dicen que se aparte de la misma”. A continuación recibe una llamada para citarle al día siguiente en Aguadulce.
El encuentro se produce finalmente en una gasolinera de Aguadulce, junto a la autovía. Allí se presentan Nacho Flores y una persona que dice llamarse señor Cuenca y ser capitán de un cuerpo de inteligencia del Estado (posteriormente fue identificado como José Antonio Mateos). Ambos le enseñaron de forma fugaz unas placas -falsificadas, como después se demostró- y le quisieron intimidar diciéndole que la tenencia de dinares iraquíes está prohibida, y que todos los que tienen dicha mercancía están en prisión. Aún más, le aseguraron que si él no lo estaba era “por deferencia al señor Demetrio Carmona”.
Fue en ese momento cuando le exigieron el pago de 200.000 euros en un plazo máximo de tres horas. En caso contrario -amenazaron- lo llevarían a Madrid “en el coche y con las luces puestas”. También le advirtieron de que no llamara a nadie por teléfono porque ellos mismos “se lo habían pinchado”.
El empresario, consciente  de la presunta extorsión, aceptó regresar al mismo lugar a las cuatro de la tarde, con el dinero. No lo hizo. Presentó denuncia en la Guardia Civil y comenzó la investigación de ‘Tres Reyes’.
La Voz de Almería
Redacción


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